CUATRO RAZONES PARA LA UNIÓN DE LA HISPANIDAD

 

por Héctor Díaz

Hispanidad es un concepto que hace referencia a los pueblos hispanohablantes y que comparten una serie de características culturales. El término surgió en el siglo XVI, aunque fue en 1909 cuando el escritor español Miguel de Unamuno lo vinculó a la comunidad de países hispanohablantes. El concepto de hispanidad se difundió en América desde Argentina durante la década de 1920.

En este caso, nos referiremos con hispanidad o comunidad hispánica a los países que tienen el castellano como uno de sus idiomas oficiales: Guinea Ecuatorial, España, México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Cuba, República Dominicana, Panamá, Venezuela, Colombia, Ecuador, Bolivia, Chile, Perú, Argentina, Uruguay y Paraguay. En estas naciones el español no es solo una lengua oficial, sino que es la más utilizada y el idioma común.   

Expondremos cuatro razones para una mayor cercanía entre todos estos países.        

1.     La lengua como principal nexo de unión.

Lo que une a las personas, como animales sociales que son, es la capacidad de comunicarse entre sí, y la forma más profunda de comunicación es la compresión en la lengua materna. Fuera de la lengua no existe pensamiento ni realidad. Quien tiene la suerte de hablar varias lenguas, conoce distintas realidades. La lengua nativa es la principal base del razonamiento y todos tenemos la necesidad de hacer comprender nuestra razón a los demás.

Durante siglos, lo que unió al actual mundo hispano fue la religión católica. Sin embargo, la estandarización del español en las antiguas colonias a lo largo del siglo XX y la crisis de la religión en la modernidad, han hecho que el principal nexo geopolítico y cultural de los países iberoamericanos sea la lengua.

Según los datos aportados por ethnologue (2022) el español es el segundo idioma del mundo por número de hablantes nativos. Lo emplean primordialmente 474,7 millones de personas.

La lengua materna más usada en el mundo es el chino mandarín. Por debajo de él están el español y el inglés. Los siguientes en la lista son el hindi, el bengalí y el árabe. El portugués ocupa el sexto lugar, siendo la lengua materna de 232,4 millones de personas. Los lusoparlantes son mayoría en el hemisferio sur. Están presentes en tres de los cuatro continentes que lo comprenden. 

Vemos que existen varios idiomas que, a pesar de tener una abrumadora cantidad de millones de hablantes nativos, están localizados en franjas continuas. Dentro de las seis lenguas más habladas en el planeta, el castellano, el inglés y el portugués son las más universalizadas.

Cabe destacar que, según la información que aportó el Foro Económico Mundial en 2022, el español ocupa la segunda posición en el planeta como lengua no nativa, solo superada por el inglés. Tiene un colosal número de estudiantes en Estados Unidos, Brasil y los países árabes. En 2020 el Instituto Cervantes habló de 22 millones de aprendices de español en el mundo.

El idioma refuerza los vínculos humanos y la comunicación fluida elimina barreras. La facilidad de fusión en España de los migrantes procedentes de Iberoamérica y Guinea-Ecuatorial es evidente. La integración es casi instantánea y no necesita un relevo generacional. Las excepciones se deben a problemas de índole social, como el racismo o las desigualdades económicas, no de asimilación cultural.

Pondremos como ejemplo de los beneficios humanos de la lengua una serie de datos acerca de la procedencia de los inmigrantes y de los matrimonios mixtos y transnacionales en la península ibérica.   

Según datos del INE, en 2022 el 36% de los inmigrantes tenían origen hispanoamericano en nuestro país. Las principales naciones de procedencia fueron Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Perú, Uruguay, Paraguay y Ecuador. Por otro lado, en España hay más de 12.000 ecuatoguineanos censados. La cifra es muy mejorable, atendiendo a los vínculos históricos y lingüísticos, pero no deja de ser significativa si tenemos en cuenta que Guinea-Ecuatorial es un país de apenas 1,6 millones de habitantes.

Lo mismo sucede en Portugal. Según datos aportados por la ONU (2020) los principales países de procedencia de los migrantes son Angola (17,9%) y Brasil (15,3%).

Como ya hemos apuntado, la facilidad de integración se aprecia también en los matrimonios mixtos. Según los datos del INE, en 2019 la mayoría de mujeres extranjeras que se casaron con españoles fueron latinoamericanas. Destacaron Colombia (más de 1.600 matrimonios) y Venezuela (más de 1.000 matrimonios). Otras cifras significativas fueron República Dominicana y Ecuador (con más de 400 casos por país). En otras ocasiones, resulta reseñable el elevado número de mujeres latinas que se casaron con hombres españoles, teniendo en cuenta la poca población de los países de procedencia, por ejemplo, en 2019 se casaron con nacionales más de quinientas paraguayas, más de quinientas peruanas y aproximadamente seiscientas hondureñas.

Los matrimonios entre españoles e hispanoamericanas superan con creces los matrimonios entre españoles y mujeres de otros países de la Unión Europea o de Europa del Este (los cuales también fueron muy numerosos en 2019). Los casamientos entre españoles y ecuatoguineanas fueron escasos, pero existentes. La cifra fue muy baja, aunque también debemos tener en cuenta la poca presencia de mujeres de este país en España. Generalizando, la migración africana es predominantemente masculina.  

En cuanto a los varones extranjeros que se casaron con mujeres nacionales, la procedencia es más variada, pero apreciamos el mismo fenómeno. La mayoría de inmigrantes que se casaron con españolas en 2019 (más de 1600) eran marroquís. No obstante, el segundo puesto en el ranquin lo ocuparon los colombianos (aproximadamente 1600 casamientos). También hubo en torno a setecientos venezolanos, quinientos argentinos y cuatrocientos peruanos que se casaron con españolas.

Debemos aclarar, una vez más, que hemos tomado los matrimonios mixtos como referencia para hablar de la facilidad de integración entre personas con una misma lengua materna. No tenemos como objetivo ser críticos con los matrimonios mixtos ajenos al mundo hispánico.

En la hispanidad el mestizaje racial y étnico es, por fortuna, de los más elevados del mundo, junto al bloque anglosajón. Se aprecia especialmente en Europa e Hispanoamérica. En África es menos significativo. Por detrás está el bloque francófono. Aun así, de los doce países que tienen el francés como una de sus lenguas oficiales, solo vemos altos niveles de matrimonios y parejas interraciales en Bélgica y Francia.

2.     Pujanza demográfica.

La mayoría de las naciones de la comunidad hispánica han tenido una notable pujanza demográfica desde la segunda mitad del siglo XX. Iberoamérica y el África Subsahariana son dos subcontinentes que tienen esta ventaja, como la tiene también el mundo árabe o el subcontinente indio. No la tienen, sin embargo, algunos de los estados del extremo oriente ni Europa. Generalizando los países de la Comunidad Europea están sufriendo problemas de envejecimiento. Su articulación en otros bloques geopolíticos paralelos podría frenar la crisis demográfica. El fomento de la migración sería beneficioso para España, que, al paso que va, pronto tendrá problemas para mantener su sistema público de pensiones a flote.

La única nación de América Latina que ha perdido población en los últimos años ha sido Venezuela. Esto no se ha debido a una crisis natalista, sino a la huida de su población. El país ha atravesado una severa crisis económica desde 2015. En torno a tres millones de venezolanos lo han abandonado en los últimos siete años. Medio millón se han ido a Estados Unidos, sin embargo, los restantes han emigrado mayoritariamente a España y a otros países iberoamericanos. El principal destino ha sido su vecina Colombia. 

La mayoría de los países de la hispanidad se caracterizan por tener una tasa de natalidad media y alta. Los ecuatoguineanos son los que más amor se dan, con una tasa de fecundidad de 4,3 hijos por mujer. Si bien los nacimientos han descendido durante las últimas décadas en Hispanoamérica, siguen siendo notables. Citaremos distintos ejemplos en cuanto a la tasa de fertilidad: 2,3 en República Dominicana, Honduras, Nicaragua y Panamá, 2,2 en Venezuela y en Perú, 1,9 en México y en Argentina, 1,8 en El Salvador, 1,5 en Cuba y en Chile y 1,4 en Uruguay. La victoria se la lleva Paraguay, con una tasa de fertilidad de 2,5 hijos por mujer.

¿Cómo están los países de habla portuguesa no europeos? En alza demográfica. Citaremos la tasa de fertilidad de estas naciones: Brasil 1,6, Timor Oriental 3,2, Cabo Verde 1,9, Guinea-Bissau 4, Mozambique 4,7 y Angola 5,4.

En España la tasa de fertilidad es de 1,19 hijos por mujer (abril de 2024). A mediados de los noventa, cuando las oleadas migratorias estaban todavía en pañales, la tasa llegó a caer al 1,13. Podemos concluir, por tanto, que el pequeño incremento desde el 2000 se debió a la entrada en el país de gente procedente de otras naciones. En Portugal la tasa de fertilidad es de 1,38 hijos por mujer (abril de 2024), sin embargo, el estado luso recibe menos inmigración que España y su envejecimiento de población es mayor.

La forma de urna de las pirámides de población de Europa es preocupante, sobre todo en el este y el sur. Hemos hablado ya de la crisis demográfica española, pero ¿cómo están otros países europeos? Si miramos a las otras tres economías más grandes de la eurozona, Francia posee los mejores datos, con 1,9 hijos por mujer. Alemania tampoco presenta malas cifras (1,5 hijos por mujer). Por el contrario, Italia tiene una tasa de fertilidad de 1,2, similar a la española. No podemos establecer una ecuación exacta, puesto que hay excepciones, pero podemos concluir que los países con más natalidad de la eurozona son aquellos con más población extranjera. Saliéndonos de la eurozona, sucede algo similar en Dinamarca y Suecia (1,6) y, aun así, vemos que los países nórdicos y germánicos, que lideran la natalidad en Europa, tienen datos que serían bajos en el promedio de la hispanidad (2,2 hijos por mujer aproximadamente). 

En España existe la oportunidad de alzar la natalidad y rejuvenecer la población promocionando la migración dentro de la hispanidad (promocionar quiere decir fomentar, no excluir a los migrantes de otras zonas del mundo), todo esto sin problemas de guetificación, segregación o de pobreza extrema. No es que la segregación sea inevitable con personas procedentes de países exteriores a la hispanidad o de Europa, si no que la integración tiende a prolongarse más el tiempo. El control y las preferencias, en este sentido, no deben enfocarse al racismo. Deben enfocarse a defender que el Estado tiene que asegurar unas condiciones de vida dignas para su población, las de los extranjeros también. Por esto, la migración masiva solo debe darse si hay posibilidad de integración. De lo contrario, se crearán nichos que reproducirán los países de origen de los inmigrantes, usualmente con condiciones de vida mucho peores.

Existen partidos en España que sostienen la tesis del rechazo migratorio y de una revolución natalista europea. Dicen que la respuesta a la crisis demográfica no puede proceder de la inmigración. Pero analicemos esta propuesta ilusa y supremacista. ¿Cómo están a día de hoy los países desarrollados con poca inmigración? Japón es el país más envejecido del mundo. Uno de cada diez nipones es mayor de ochenta años. Es también el país más endeudado (algo que, en ocasiones, es parejo al envejecimiento, estando ahí también los ejemplos de Grecia e Italia). Otros países con poca inmigración son los de Europa del Este, que, además, desde la caída del socialismo, han bajado su natalidad. ¿Cuál es el resultado? Envejecimiento y pérdidas. La población de Rumanía ha evolucionado de 23 millones en el momento de la revolución (1989) a 19 en la actualidad. Hungría ha pasado de 10,3 millones en 1990 a 9,7 en 2020. Otro ejemplo sangrante es el de Bulgaria, que desde la caída del socialismo ha perdido dos millones de habitantes.

En conclusión, una migración controlada, pero fomentada a través de vértices geopolíticos con  países de la misma lengua y cultura similar, sería beneficiosa para España y ayudaría a evitar la catástrofe demográfica. Un exceso de envejecimiento de población podría afectar negativamente al estado social.

Una sociedad sin juventud es una sociedad sin futuro. 

3.     Existencia de esqueleto.

En este apartado introduciremos el concepto de iberofonía, que supondría una de las vías de unión de la hispanidad.  

Se conoce como iberofonía o comunidad iberohablante al conjunto de países que tienen como lengua más hablada, y como una de sus lenguas oficiales, el español o el portugués. Los países que integran el mundo iberófono son: en Europa España y Portugal, en América México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Cuba, República Dominicana, Panamá, Venezuela, Colombia, Ecuador, Bolivia, Chile, Perú, Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, y en África Santo Tomé y Príncipe, Cabo Verde, Guinea-Bissau, Mozambique, Angola y Guinea Ecuatorial. En Asia tenemos un caso aislado: Timor Oriental. El idioma luso es, junto al tetun, oficial en este país del sudeste asiático.

Iberofonía es un concepto de clasificación, popularizado por el politólogo Frigdiano Álvaro Durántez Prados en su obra Iberofonía y paniberismo, publicada en 2018. Se trata de un simple neologismo, no de una entidad geopolítica, sin embargo, sí que existe un esqueleto que podría ser la base de su unidad.

Para Durántez Prados la iberofonía se basa en la lengua. Argumenta que, a mayores de su carácter internacional y de su elevado número de hablantes, el español y el portugués cuentan con una ventaja fundamental: son dos lenguas que, aunque diferentes, resultan mutuamente comprensibles. Si bien es cierto que ambos idiomas tienen múltiples variantes y que el entendimiento es asimétrico, porque los lusoparlantes entienden mejor a los hispanohablantes que en el sentido contrario, esta cualidad ofrece oportunidades innegables. Luchemos o no por el bilingüismo, hablamos de 706,8 millones de personas que podrían entenderse entre sí, si se construyeran planes internacionales que luchasen por ello.  

La columna vertebral del esqueleto al que aludimos es la Comunidad Iberoamericana de Naciones, que es el nombre que reciben un conjunto de cumbres celebradas desde 1991, las cuales buscan la cooperación cultural y socioeconómica. Se trata de un concepto político, porque no existe una articulación jurídica reconocida.

Las conferencias están integradas por todos los estados iberoamericanos, Andorra, España y Portugal. Guinea Ecuatorial, los países del África lusófona y Timor Oriental podrían ingresar en la posteridad, pero no son todavía miembros. Algunos de estos países se han mantenido como observadores, por ejemplo, Guinea Ecuatorial ha participado en las cumbres desde 2009.

Otros miembros observadores también tienen vínculos históricos con España. Los casos más destacados son Filipinas y Marruecos y, en consecuencia, la injustamente no reconocida República Árabe Saharui Democrática, donde el castellano es cooficial y es el idioma más hablado como segunda lengua.

Citaremos ahora los principales organismos que son un logro de las cumbres de la Comunidad Iberoamericana de Naciones: la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB), la Asociación Iberoamericana de Ministerios Públicos (AIAMP), el Consejo Iberoamericano del Deporte (CID), la Organización de Telecomunicaciones de Iberoamérica (OTI), la Conferencia de Ministros de los Países Iberoamericanos (COMJIB), la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), el Organismo Internacional de Juventud para Iberoamérica (OIJ), la Organización Iberoamericana de Seguridad Social (OISS) y la Asociación de Estados Iberoamericanos para el Desarrollo de las Bibliotecas Nacionales de Iberoamérica (ABINIA). Estos organismos no suelen incluir al África iberófona, sin embargo, se va allanando el camino para su entrada. Por ejemplo se baraja su pronta integración en la ABINIA. 

Otra parte del esqueleto panibérico es la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa (CPLP), una organización política, para la cooperación en distintos ámbitos. Nació en 1996 por iniciativa lusa. Sus miembros fundadores fueron Portugal, Brasil, Guinea-Bissau, Mozambique, Angola, Cabo Verde y Santo Tomé y Príncipe. En 2002 se unió Timor Oriental, una vez concluido su proceso de independencia de Indonesia. Desde 2006 la CPLP aceptó como observadores a otras ex colonias portuguesas, donde el influjo lingüístico es menor. Hablamos de Mauricio, Guinea Ecuatorial y Senegal. Recordemos que Guinea Ecuatorial permaneció bajo dominio portugués desde 1648 hasta 1777, cuando, tras la firma de los tratados de San Ildefonso y El Pardo, fue cedida a España. El portugués prácticamente ha desaparecido en el país, sin embargo, fue reconocido como miembro de la CPLP en 2014. Cabe destacar que España es un país asociado desde 2021.

La cooperación del mundo iberoamericano también dio a luz en 2008 a la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), un organismo intergubernamental. Sus fundadores acordaron, como objetivos a largo plazo, la unidad económica, el desarrollo de un espacio regional y la construcción de una ciudadanía suramericana. Estas metas nunca se alcanzaron debido a las disidencias internas. Entre 2018 y 2020 Ecuador, Uruguay, Perú, Paraguay y Chile se retiraron y el organismo quedó suspendido. Sin embargo, Argentina, Bolivia, Brasil, Venezuela y Colombia, todavía miembros sobre el papel, se han reintegrado y están buscando de nuevo la cooperación.

En 2010 nació La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), un organismo intergubernamental regional, que busca la colaboración para el desarrollo de todos los países del continente americano al sur de México. 

Por último, estarían las alianzas económicas entre países iberoamericanos. Tenemos el Mercado Común del Sur (MERCOSUR), fundado en 1991 por Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay. Venezuela se unió posteriormente, pero a día de hoy es un estado suspendido. También tenemos la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), heredera de la antigua Asociación Latinoamericana de Libre Comercio. Se trata de un organismo internacional de colaboración económica integrado por Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, México, Paraguay, Panamá, Perú, Uruguay y Venezuela. Otro ejemplo es el Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe (SELA), integrado, al igual que CELAC, por todos los países del continente americano excepto Estados Unidos y Canadá.

Dicho todo esto, afirmaremos que el camino por recorrer es largo y difícil, pero ya se ha construido la base y, además de luchar por la unidad de nuestras culturas, debemos derribar las rivalidades.

Realmente el primer paso para la construcción de la iberofonía fue el tratado de Alcáçovas de 1479, en el que Castilla y Portugal se repartieron la costa atlántica africana. En 1494 las dos potencias ibéricas firmaron el tratado de Tordesillas y pasaron y a repartirse el dominio del océano. América se había descubierto hacía ya dos años. Españoles y lusos acordaron trazar una línea imaginaria 370 leguas al oeste de Cabo Verde. Los territorios al oeste quedaron bajo dominio de los Reyes Católicos y al este bajo control portugués. La costa del actual Brasil cayó, por accidente, en la zona portuguesa. Manuel I comenzó a colonizarla en el año 1500.

¿Es por tanto la iberofnía heredera de un imperio? La respuesta es no. Repetiremos que Durántez Prados fundamenta la iberofonía en la lengua, no en la historia. Portugal estuvo bajo dominio de la casa de Austria entre 1581 y 1640. Tuvo como reyes a Felipe II, Felipe III y Felipe IV, pero se integró en el sistema polisinodial. Conservó sus Cortes y su Consejo de Indias. Además, muchos de los territorios en los que actualmente se habla portugués nunca estuvieron bajo dominio de la Monarquía Hispánica. El país luso todavía no los había conquistado en los tiempos de la Unión Ibérica.

¿Es la hispanidad heredera de un imperio? A medias, porque se inspira en el idioma y la cercanía cultural. No se plantea incorporar Filipinas, Italia o Texas. Tampoco reconquistar Flandes, restaurar el Galeón de Manila o cualquier otra locura.

Es cierto que los restos de un imperio son evidentes, pero el punto de partida no tiene por qué condicionar el estadio final. Por ejemplo en 1945 comenzó a fraguarse la Liga Árabe, una organización internacional que agrupa a los países de lengua árabe. En lugar de enfocarse en el pasado, los árabes decidieron permanecer unidos (otra cosa es que, desde la Guerra Fría, se lleven mal entre ellos por influencias externas). En cualquier caso, se alinearon para construir un nuevo futuro, aun siendo conscientes de que eran una cultura heredera de conquistadores. El hecho de que hoy hablemos de mundo árabe se debe a la expansión de dos Imperios medievales: el Califato Ortodoxo (632-661) y el Califato Omeya (661-750).

Al mismo tiempo, el hecho de que hoy hablemos de Iberoamérica o de América Latina se debe a la colonización europea del pasado, para bien o para mal. Antes no había nexo lingüístico ni cultural entre los pueblos que habitaban desde el río Bravo hasta los glaciares de América del Sur. Aprovechemos el pasado para la conciliación, no para el resentimiento. Resentimiento que, muchas veces, se debe a cuestiones políticas más que a realidades históricas.

Son sobradamente conocidas las Leyes de Indias (1512) y las Leyes Nuevas (1542) que prohibieron la esclavización de los indios americanos y defendieron su asimilación como súbditos de Castilla. Aun así, no debemos dibujar un relato rosa de la  colonización española de América. Toda conquista tiene sus luces y sus sombras. Además, en este tipo de debates solemos excluir las colonizaciones en África.

¿Son los países latinoamericanos pobres a día de hoy por la colonización europea del pasado? La respuesta es compleja, pero lo más probable es que no. Los estados iberoamericanos se independizaron entre 1810 y 1826 (con la excepción de Cuba y Puerto Rico), una época en la que la revolución industrial todavía estaba en pañales. Las fórmulas de colonización eran distintas a las que se dieron en la posteridad. Los territorios de América no vivieron, salvo excepciones, como Haití, el elevado grado de explotación que sufrieron las colonias posteriores del extremo oriente y África. Países como la Gran Colombia (1819-1831), las Provincias Unidas del Río de la Plata (1810-1832), el Imperio de Brasil (1822-1889) o el Imperio de México (1821-1823) fueron más ricos de lo que lo fue, en la misma época, Estados Unidos (por cierto también una ex colonia, al igual que Canadá, Irlanda o Australia).

Guinea-Ecuatorial se separó de España en 1968 y los países del África lusófona se independizaron entre 1974 y 1975. Estos territorios sí fueron colonias de explotación, que sufrieron la esclavitud y la desposesión masiva de recursos y, actualmente, son pobres y políticamente instables por su pasado colonial, esto es innegable.

Por desgracia, y por la gracia de las peripecias de la conferencia de Berlín de 1885, las alianzas con las naciones africanas son las más complejas de construir. Algunas trabas son su atraso tecnológico, su inestabilidad territorial y el carácter totalitario de algunos de sus regímenes (en el caso de la iberofonía Guinea Ecuatorial y Angola).

Todas estas explicaciones históricas las damos por la tendencia que hay a eurocentrar este tipo de debates, tanto por parte de los ibéricos como de los americanos y africanos. Pero, si nos quitásemos el velo de delante de los ojos, veríamos que España y Portugal serían simples pedacitos dentro de la iberofonía. 

Luchemos por la unidad cultura hispánica e ibérica, por una mayor cercanía entre las universidades hispanas, por que alguna de ellas ocupe por primera vez un puesto en el ranking de las universidades más prestigiosas del mundo y por superar el ridículo número de intercambio de estudiantes e investigadores que hay entre países hispanos. Esta es una de las pocas cosas que sí le tenemos que envidiar al mundo anglosajón.

4.     Recursos económicos y naturaleza.

Europa es el continente del mundo con menos recursos naturales. Ha vivido desde hace siglos presa de un error de cálculo. No ha podido conciliar su elevada población con sus escasos medios. Si bien existen grandes contrastes en el continente, no solo de recursos minerales, sino de superficie de territorio cultivable, siendo España aquí una beneficiada, no podemos comparar la riqueza (que no el reparto de la misma) con la que existe en África o en América. La necesidad de algunos países europeos de conquistar el mundo no surgió por generación espontánea. El objetivo de enriquecimiento a través de otros continentes se logró, pero, a día de hoy, por fortuna, el eurocentrismo comienza a extinguirse. 

Citaremos a continuación la riqueza de recursos de los países hispanohablantes:

Según los datos de Euromonitor Chile es el mayor productor de cobre del mundo, muy por encima de grandes potencias como Estados Unidos o la República Popular China. El segundo puesto en la escala internacional lo ocupa Perú.

Venezuela tiene las mayores reservas del petróleo del mundo. Nada menos que un 18% del que existe en todo el planeta. Hablamos de reservas probadas, pues las estimaciones son que podría llegar a tener el 25%. Si bien el petróleo venezolano es complicado de extraer, tiene más del que existe en toda Europa junta. Muy por debajo, pero con reservas de crudo más que destacables, están Ecuador y México. En el África hispánica hay reservas de petróleo en Guinea Ecuatorial.

Si hablamos de un recurso tildado por los medios de comunicación como estratégico, ese es el litio. Es relevante para un mundo electrificado que emplee energías limpias. En el año 2023 el medio de comunicación La República elaboró un sondeo y realizó una lista de los diez países con mayores reservas de litio del planeta. Bolivia, Argentina y Chile, por ese orden, ocupan los tres primeros puestos. En la décima posición tenemos a otro país hispano: México.

Dentro del gas natural, la hispanidad tampoco sale perjudicada. Venezuela es el sexto país del mundo en reservas probadas. También son destacables en México, Argentina, Perú y Bolivia. La suma de los países latinoamericanos e ibero-africanos superaría los quince billones de centímetros cúbicos. Más que la de Estados Unidos (diez billones) y quince veces la cifra de la UE.

La isla de Cuba es rica en níquel y en cobalto.       

¿Y la naturaleza que necesitamos para respirar y estar en armonía con nosotros mismos? Si miramos el ranking mundial de biodiversidad realizado por el Programa de Naciones Unidas para el Medioambiente, encontramos numerosos países de América Latina. Existen diecisiete naciones que captan el 70% de la biodiversidad del mundo. El 40% de estas son iberoamericanas. Nos referimos a Brasil, México, Ecuador, Colombia, Perú y Venezuela y debemos tener en cuenta que los tres primeros baten récords internacionales.

Hablemos ahora del sector servicios. Según los datos que aporta la Organización Mundial del Turismo, España es el tercer país del mundo que más turistas recibe, solo superado por Francia y Estados Unidos. Hispanoamérica crece en este sentido. El territorio que más está explotando el sector es México, que en 2023 ocupó ya el puesto siete del ranking de los países más visitados del planeta. Las oportunidades que ofrecen las naciones hispanas dentro del sector terciario son innegables por su clima, su variedad de entornos y sus costas.

La comunidad hispánica tendría grandes posibilidades en materia de turismo si aumentara sus niveles de seguridad. La vertebración del mundo hispano ofrecería también ventajas en este sentido. Sería una forma de buscar alianzas defensivas alternativas al TIAR y a la OTAN y de reducir las desigualdades sociales que tanta delincuencia propician. También de realizar una cruzada internacional contra el narcotráfico.

Desgraciadamente, los países de la hispanidad (incluyendo al europeo) dejan bastante que desear en cuanto a investigación y desarrollo tecnológico. La unión podría contribuir a la mejora y España tendría la oportunidad de hacer aportaciones considerables desde su cercanía a otros estados europeos.

La unión de la comunidad hispánica con el resto de la iberofonía propiciaría una considerable ventaja en el acceso a recursos. Según datos de Euromonitor, Brasil es, junto a Estados Unidos, la principal potencia del mundo en producción alimenticia. Desde 2014 bate récords internacionales en exportación de comida y animales vivos. En 2022 fue líder mundial en exportación de carne. Por otro lado, es el país con las mayores reservas de agua del planeta.          

La unión económica de la hispanidad probablemente debería comenzar en América. La mayoría de alianzas comerciales y uniones aduaneras, como la UE, la Comunidad Africana Oriental o la Unión Económica Euroasiática son contiguas. La ubicación periférica de España y Guinea Ecuatorial podría implicar un régimen especial dentro de una hipotética unidad. Aun así, no sería excluyente. Numerosos países, entre ellos España, tienen dentro de sus fronteras islas lejanas a su núcleo y esto no discrimina la unidad económica y política.

¿Podría España compaginar la integración en un bloque económico hispánico con su pertenencia a la Unión Europea? La respuesta es complicada. Debemos tener en cuenta que España no podría prescindir de golpe de Europa, que es el principal destino de sus exportaciones. Las exportaciones a América Latina se encuentran en torno al 8%. Obviamente España debe mirar a Europa además de a la hispanidad por su ubicación geográfica. Aun así, la mayoría de las importaciones de alimentos en nuestro país proceden ya de fuera de la UE y Bruselas no parece por la labor de solucionar el problema.  

España podría tener como solución integrarse en un bloque hispánico y, al mismo tiempo, firmar tratados especiales con el mercado común, como el que poseen los países de la Asociación Europea de Libre Comercio (AELC) con la UE a través del Espacio Económico Europeo (EEE).

En cuanto a la articulación económica de la iberofonía, debemos tener en cuenta los nexos de Brasilia con varios países hispanos a través de MERCOSUR. Brasil optó en 2010 por los BRICS como vía al comercio mundial, pero esto no le limita para escoger otras opciones económicas. De hecho es de donde proceden una buena parte de los productos alimenticios importados en España.

 


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